25 mayo 2012

Aclaración cultural

Luego resulta que hay quien se cree que poner palabras desacostumbradas tiene relación con la cultura, con haber leído mucho o algo así.

¡No, hombre, no!

Es mucho más sencillo que eso. Tú quieres decir algo pero dártelas de sofisticado, ¿no? Pues agarras la palabra que quieres usar, la buscas en un diccionario de sinónimos y te salen un chorro de palabras que jamás usarías con el panadero pero que te hacen parecer un nóbel.

Quieres contarle a alguien que tal o cual circunstancia es un asco, una puta mierda, pero te choca parecer zafio; así que vas al diccionario de sinónimos y enseguida te pones en disposición de usar execrable, ominoso, vitando y lindezas por el estilo. Ay, pendejito, ¡que no habías pensado las cosas bien!

Después te olvidas de ellas y jamás vuelves a usarlas. ¿Para qué? Quizá ni siquiera te acuerdes de su significado. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de coger, ¿no? Lo que tú en verdad anhelas es propiciar un ayuntamiento carnal con tal o con pascual, sueñas con la posibilidad de echarle un polvo a esa víctima inocente que pasea por tus pupilas, ¿no? Es normal, no hay problema; es lo que hace todo el mundo, tranquilo. ¡Pero entonces para qué te sirve acordarte del significado de las palabras!

Nada, olvídate de las palabras y reserva la lengua para otros usos más sensatos. Ahí sí no tendrás defensa y o la usas con arte o te vas al pasto sin remedio.

O regalas vibradores, que también es una opción. Con pilas, siempre con pilas.

En Puebla, el día de san Aldelmo (obispo) por la noche.

Mus

23 mayo 2012

Una religión diferente


Una amiga ha puesto un negocio funerario y anda la mujer a la búsqueda y captura de proveedores de ataúdes, cirios, candelabros y demás parafernalia. Hoy le vi una foto, tan contenta con un crucifijo para su útil negocio.

Y claro, pensé. Porque para eso tengo la neurona: para pensar. Aunque esté triste y sola en el espacio intracraneano. Pensar... y me salió esto.

Se me ocurrió que si en lugar de crucificar a Jesús de Nazaret lo hubieran electrocutado en una silla eléctrica, como al angelote negro ese de The Green Mile (no sé cómo la tradujeron al español) se iba a ver extrañísimo que la gente llevara una silla eléctrica colgando al cuello como amuleto protector o ver a un capellán al frente de una procesión, silla eléctrica en alto.

Naturalmente, no quiero pensar qué habría sido de Nikola Tesla o Alessandro Volta. Quizá los habrían tenido por apóstoles, aunque fueran un punto traidorzuelos, como el Judas ese (hasta el nombre da miedo, ¿verdad? Judas. Uf, ¡qué escalofríos me dan solo de escribirlo!), pero diría que más bien habrían sido unos apestados y habrían acabado fritos bajo el argumento de que quien a amperio mata, a amperio muere. O algo así.

La neurona siguió su peregrinar ocioso y me imaginé de todo: hogueras, horcas, fusiles, espadas y cuchillos, potros de tortura, granadas de mano... Todo ello en nuestros cuellos, nuestras casas, colgando de nuestros retrovisores (el de dentro del auto, no los de los lados, porque saldrían volando o repiquetearían contra el cristal y sería molesto), ¡sobre nuestros sarcófagos!

¿Tendríamos La Silla Eléctrica Roja atendiendo a los necesitados de todo el mundo? ¿La Soga Roja? ¿el Fusil Rojo? Uf... Ya, ya sé que la cruz de la Cruz Roja no procede de la cruz cristiana, pero es que me servía bien para mi pequeña reflexión. Licencia de bitacorista, llámenlo; o de imbécil, si gustan.

¿Y si lo hubieran dejado morir de hambre? Eso sería un problema. ¿Se veneraría a un salchichón? ¿A un cacho de pan? ¿A un lebrillo vacío? ¿Sería las anoréxicas santas o por el contrario lo serían los obesos? ¿Se pronunciaría una oración antes de las comidas en recuerdo de Jesús o sería más bien en recuerdo del propio acto de alimentarse?

Un lío tremendo, como puede verse. Al cabo llegué a la conclusión de que menos mal que lo habían crucificado, porque todo lo demás no resulta nada práctico e incluso desde el punto de vista del diseño es más conveniente un par de trazos perpendiculares como ese.

Eso sí: elegir la música de hoy no me costó ni dos segundos.

Tengo hambre. A ver si me voy a cenar, que me dio hambre este proceso mental que acabo de contarles.

En Puebla, el día de san Juan Bautista de Rossi (presbítero) por la noche.

Mus

20 mayo 2012

Relativismo lítico



Hoy intentaba conciliar el sueño y no podía porque me lo impedía la musiquilla de El rey, la famosa canción mexicana. Ya saben, "una piedra en el camino/me enseñó que mi destino" y tal. Cada cual tiene sus cosas, y yo tengo esta de no poder dormirme por una estupidez así.

De pronto, se me ocurrió que la piedra en el camino del cantante era, etimológicamente... un monolito. Fui al DRAE y dice que un monolito es un "monumento de piedra de una sola pieza". Es muy de agradecer que según ese diccionario el tamaño no importe, sino solo el carácter monumental. Esa humilde y vulgar piedra que nos sale al paso (y que me impide dormir) no es un monolito... pero basta agarrarla y ponerla en una glorieta o redondel, sobre una inscripción que diga cualquier cosa, y la habremos convertido en monolito. El ascenso de categoría es evidente.

Propondría que el próximo monolito de estos se dedicara a los insomnes que en el mundo han sido. O a los idiotas, que habemos muchos y nadie nunca nos reconoció la indudable importancia social que tenemos.

Mañana dedicaré parte del día a cabecear por no haber descansado bien, gracias en parte a las canciones, las piedras y esta cosa que escribo, pero espero que al menos me dé tiempo a cavilar sobre si una estatua (cualquier venus manca, por ejemplo) es también un monolito. Si llego a una decisión, la publicaré, que no quiero yo correr el riesgo de que nadie pierda el sueño por una incertidumbre de estas.

En Puebla, el día de san Austregisilo (obispo) por la noche, a punto de darle vuelta al calendario.

Mus

19 mayo 2012

Menudo panorama

Hoy, sin saber por qué, escribí esto:

Quieres ver tu patria
pero te quedas en ella
Quieres ver los campos
pero te quedas en tierra
Quieres ver la realidad
pero huyes de lo absurdo
Quieres conquistarme
pero te arrimas a mí
Quieres comer manís
pero ni miras las flores
Hija de puta.

Somos un desastre

¿Echamos un polvo?
Un rapidín, un par
de horas a lo sumo
Seis mamadas o mil
que tengo que ir
por incienso, divina,
y envolverte de
sahumerios y sudores
de gritos y frenesí.
Hija de puta.


Lo peor no es que no sepa por qué, sino que no sé qué significa y ni siquiera puedo echarle la culpa al incumplimiento terapéutico porque llevo quince años tomándome religiosamente las pastillas de lo mío.

Concluyo que escribir me está afectando la neurona. Ya no vibra con la misma intensidad y, a veces, mi cabeza parece emitir un humo cuyo aroma recuerda sospechosamente al de la mariguana.  ¿Será que mi neurona le da al cánabis y nunca me enteré? Quizá sea nomás que patina contra la zapata, cansada de su solitud intracraneana, del aburrimiento, del síndrome del hijo único. Siempre le di todo lo que quiso y ahora se enfurruña cuando no consigue lo que quiere.

Es la edad, neurona mía, no me lo tengas en cuenta, no te lo tomes a mal. Ya no puedo darte todo como antes.

Oh, triste sino el de quien ha de lidiar con su neurona singular porque esta llega a los caprichos de la adolescencia siendo él ya viejo. Oh.

En la ciudad de Puebla, el día de san Adolfo de Arras (obispo), al mediodía.

Mus

P. D. Si no se entiende nada, ni modo. ¡Yo más no puedo hacer!

11 mayo 2012

Viernes: el segundo beso

Los segundos labios que besé —oh, bendita misericordia que demostró la dama— estaban plantados en el lugar previsible del rostro tostado por los rigores del sol de una muchacha manchega a la cual llamaré Viernes en honor al día de nuestro encuentro labial.

Si el aburrimiento aún no se los llevó a otros lugares más concurridos y animados, quizá recuerden ustedes que a la primera mujer que me regaló sus labios le di un beso. Con disciplina y orden germánico, a Viernes le di dos.

Fue en la discoteca del pueblo. Ya saben que antaño estaba la zona de tragos, la zona de bailar, la zona de mironear y la zona de darse el lote indisimuladamente. Conocida la chica como era, quién sabe cómo se me ocurrió la idea de sugerirle que, copa en mano, subiéramos al gallinero citado. ¡Se supone que yo no tenía arrestos para hacer esas propuestas! Quizá estuviera desinhibido por el alcohol (en aquel entonces mi bebida era, ¡pásmense!, el anis con piña). Lo cierto e histórico es que allá fuimos.

Desconozco cómo besa ahora la gente, pero por aquella época uno se dedicaba con mucho ímpetu a la tarea y los labios parecían no querer despegarse nunca: lengüetazo va, lengüetazo viene; que si te arreo un mordisquito; que si ahora te intento tocar un seno; que por qué demoños no te avienes a la razón de mis dedos; que si ahora beso de piquito, que si... en fin, no quiero aburrirlos. Sin saberse muy bien cómo ni a resultas de qué, uno cesaba el contacto labial media hora después y alargaba con flema británica la mano hacia el trago, y no tenía la más mínima idea de qué palabras mascullar. Hoy sé que, en realidad, uno no sabía realmente qué hacía allá, aparte de dar rienda suelta a los instintos y alcanzar hitos del desarrollo sexual: besar, tocar, sentir, etc., y después contárselo a los amigos, naturalmente.

Como decía, hubo dos besos. Largos, pero dos.

La muchacha era la hija de un amigo íntimo de mi padre y, con la inconsciencia que aún hoy me caracteriza, no se me ocurrió idea más noble y loca que acompañarla a su casa, y a ella no se le ocurrió otra cosa que dejarse acompañar. Cuando llegamos allá rayando las once, su padre estaba sentado en un serijo, a la fresca, y enarcó las cejas visiblemente al vernos llegar tan amistosamente. Y yo, idiota hasta lo indecible, me despedí de la muchacha con un leve, pero apreciable, palmeteo en la nalga. En las narices de su hipermachista papá.

Cuando regresaba a casa notaba que por algún motivo me dolía mucho el carné de padre, y ni siquiera sabía por qué. Siempre estuve en la inopia, qué le vamos a hacer.

Al día siguiente, mi padre me llamó a capítulo y me espetó, terminante:

—Mus, haz el favor de dejar a la chica de Fulano en paz.
—¡Pero si no ha pasado nada, papá! —fue lo único que acerté a inventarme sobre la marcha.
—Bueno, pues eso: que la dejes en paz.

Y así terminó mi incipiente historia de besos con Viernes y mis esperanzas de proseguir la carrera hacia el éxito presexual y quién sabe si declaradamente rijoso.

Aún hoy recuerdo los sofas rojos de la discoteca y me pregunto qué habrá sido de aquella mujer. Su padre no era en absoluto un tipo fácil de tratar.

Hoy también es viernes, y pensé que podría dedicarle un recuerdo a ella desde la ciudad de Puebla, el día de san Ceferino Namuncurá (beato) por la noche.

Mus

27 abril 2012

¿Seré capaz...

...de volver a escribir?

Empieza una vida nueva; es decir, otra nueva vida nueva. Una más. Vuelta al camino.

En San Salvador, el día de santa Zita de Lucca (virgen) por la noche.

Mus

P. D. Esta es la entrada que hace el número 300. ¡Olé!

04 octubre 2011

Cosas de la edad

—Soy viejo.
—Y... dejate de joder, Mus. ¿A qué viene eso ahora?
—A que no sé qué demoños es un hashtag. Me suena a día del porro en alemán, pero seguro que no va por ahí.
—Ah, pues sí, sos viejo.
—En realidad, no soy viejo: estoy decrépito.
—Me matás, che. ¿Por qué lo decís?
—Porque me importa tres carajos lo que sea un hashtag.
—Ah, pues sí, estás decrépito.
—Ea.
—¿Querés que cojamos, a ver si se te pasa el hastío, o preferís que te lleve a un analista?
—No, cojamos. Total, quizá sea mi polvo postrero. Será una linda despedida de la actividad vital. ¿Me la puedes chupar primero un ratito?
—¡Andá a la mierrrrrrrda, Mus!

En Buenos Aires, el día de san Francisco de Asís (fundador de los franciscanos) por la tarde.

Mus

11 septiembre 2011

¿Dónde estabas, Mus?

El 11 de septiembre de 2001 estaba en Bruselas, a donde había acudido en un vuelo barato de Easyjet con la muy alevosa intención de mantener relaciones sexuales con una dama alemana casada.

Siguiendo el guion previsto y superados los temblores incontrolables iniciales de mi amante, que era la primera vez que le plantaba el cuerno a su esposo y estaba por ello presa de una crisis simpática (entiéndase adrenérgica, no afable) considerable, mantuvimos las relaciones sexuales programadas entre estruendosos rugidos y gemidos femeninos, que recuerdo bien que me descolocaron casi tanto como la primera vista de sus abundantes senos.

Tras los dos minutos de sexo de rigor (aquel día estuve más lento y me extendí de los 45 segundos de costumbre), prendí la tele y haciendo zapin me topé con el telediario de la 1 emitido por TVE Internacional, el cual vi comenzar desde el mismo principio. Recuerdo que solo se veía la primera torre en llamas y los comentarios torpones y dubitativos de los locutores. El impacto del segundo avión no lo vi (quién sabe dónde estaría mirando en esos segundos), pero recuerdo que cuando volví a mirar el televisor y vi que la segunda torre ardía también exclamé: "Eh, ¡esa torre no estaba ardiendo antes!".

Conforme pasaban los minutos e iban surgiendo más noticias, solo recuerdo que le repetía a mi partener que este suceso iba a cambiar el mundo tal como lo conocíamos, y me temo que así ha sido.

No recuerdo si volvimos a ayuntarnos ni nada en aquel hotel. A partir de esos momentos, la principal preocupación fue ver si íbamos a poder salir en el vuelo de regreso, cada mochuelo a su olivo.

Desde el municipio de Acajutla recuerdo hoy lo que pasaba hace diez años, tal día como hoy, de san Adelfio de Luxeuil (abad) por la tarde.

Mus

02 agosto 2011

Seis años

Cuando Mus se disponía a cambiar los rigores fúmicos de la ciudad de México por los esplendores turquesa del Caribe mexicano, lo primero que pensó fue hacer un viaje de reconocimiento por Mérida y sus alrededores primero y por Cancún y sus alrededores después.

Quiso la mala fortuna que, justo para la fecha y hora en que estaba previsto que su avión aterrizara en el aeropuerto yucateco, un huracán denominado Emily tuviera también previsto pasar por exactamente dicho punto. Era una suerte de conjunción planetaria, aunque en modo de meteoro tifónico, a resultas de la cual tuve que aplazar unos días mi expedición preliminar.

Hoy leo en la güe del centro de huracanes gringo que cerca de las islas de Barlovento se formó una tormenta... Emily. Ya no me agarra allá porque, como con las amantes, las tormentas solo se tienen una vez y cuando pasan de largo es para siempre, desmenuzadas en lluvias, presiones y otros divertimentos eólicos.

El tiempo tiene maneras raras. Hace seis años de aquella tormenta y a mí me da la impresión de que hubieran pasado seiscientos. En cambio, apenas hace unos días se cumplieron veinte años desde mi egreso universitario y no siento que haya pasado tanto tiempo.

Estoy viejo.

En el municipio de Acajutla, el día de Nuestra Señora de los Ángeles, por la noche.

Mus

24 julio 2011

Nostalgia del pudor

Es interesante ver hasta qué punto varían las consideraciones de intimidad.

Yo me paso el día en pelotas, o casi, y no me causa el menor problema desnudarme ante nadie. Sin embargo, considero una impudicia la expresión pública de la fe religiosa. No me refiero a llevar un símbolo externo, sino a estar excretando por Facebook la plegaria diaria o a plantarse en una vía pública a soltar por los altoparlantes un rosario completito frente a la morada de personas inocentes, personas que nada hicieron para merecerse tal castigo.

Si a ti no te importa mi culo y consideras que es una parte íntima mía que no tienes por qué ver, ¿por qué coño debo pensar yo que tu relación con la divinidad es materia pública? Si no dirijo mi cañón de proyección al muro albo de la parroquia para plantar ahí mis películas pornográficas, ¿por qué demoños no se abstiene la parroquia de emitir sus liturgias a los cuatro vientos para torturarme con sus imbecilidades?

Además todo el mundo sabe que el único dios es el Mondesvol y la salsa carbonara es su profeta.

En San Vicente, el día de san Antonio Torriani (beato) por la mañana.

Mus

18 julio 2011

Mi prole

Este Mus, que eligió la infecundidad y decidió dejar que el polvo estelar de sus cromosomas se desintegre eternamente para fundirse con el orbe, que se mantuvo virgen e inasequible a cualquier acceso sexual, que miró la belleza de la mujer (incluida la mujer del prójimo, que es más difícil aún) desde la más estricta perspectiva filosófica y que mantuvo firme su desprecio a lo mundano y biogenerador, en su senectud ha venido a ver su casa inundada por una suerte de plaga bíblica de diminutos batracios que han colmado de alegrías su vida y de esperanza su espíritu.

He aquí, sin dejarme una sola, la lista alfabética de las 326 ranas de la fuente de mi patio:

Aarón, Abel, Abraham, Acadio, Adán, Adriana, Agamenón, Ágata, Agripina, Ainara, Aitane, Alejandra, Alfonsito, Alfreda, Alicia, Alipio, Amador, Amaranta, Ambrosio, Amós, Amparo, Ana, Anaxágoras, Ángel, Antioco, Antonina, Anturio, Anuska, Apelio, Aquilino, Ariel, Aristóteles, Arquímedes, Arsenio, Artemio, Asclepio, Ataúlfo, Aurelia, Ausías, Auxiliadora, Ava, Bárbara, Bartolomé, Baudilio, Beatriz, Begoña (esta salió reputa, todo hay que decirlo, y al poco de sacar las patas ya andaba besando sapos con salacidad), Belén, Belisario, Benigno, Berenguela, Betina (la única que salió chela), Bonaventura, Bonifacio, Brittany, Brunilda, Calixto, Camila, Camilo, Camino, Candela, Carlota, Carmelo, Casiano, Casiopea, Cástulo, Catalina, Cayo, Cecilio, Celedonio, Celia, Cesáreo, Clara, Claudia, Clementina, Cleo, Cleofé, Clodoaldo, Clotilde, Conchita, Constancia, Corina, Costelo, Crisóstomo, Críspula, Cristino, Daniel, Darío, Deisy, Diego, Dimas, Dolores (pero todos le dicen Lolita), Donaldo, Dora, Doroteo, Drusila, Dulce, Eduarda, Efrén, Elanor, Elena, Eleuteria, Eligio, Elisa, Elisa (estas dos son gemelas idénticas y me pareció conveniente que, ya que son igualitas, también tuvieran el mismo nombre para evitarles problemas de identidad), Emanuel, Emérita, Emeteria, Emilina, Encarnación, Encina, Eneas, Enriqueta, Epaminondas, Epigmenia, Epígona, Esaú, Esmeralda, Esperanza, Esquilo, Esteban, Ester, Eufrasia, Eugenio, Eulogio, Eutiquio, Eva, Everardo, Exuperio, Fabiana, Facundo, Federico, Félix, Fermina, Fernando, Flor, Francisco (le decimos Paquita, porque salió con algo de pluma), Froilán, Fructuoso, Gastón, Gertrudis, Gideón, Gina, Giovanni, Gonzala, Gotardo, Gregorio, Gualberto, Gunilla, Gustavo, Héctor, Hipólito, Honorio, Hortensio, Huseín, Iciar, Ifigenia, Ignacio, Igor, Iker, Ingrid, Iris, Isaac, Isabela, Isidora, Ismael, Iván, Jana, Jasón, Jazmín, Jenofonte, Jenón, Jeremías, Jerónima, Jesusa, Jimena, Joaquín, Jonás, Josefina, Juan, Judit, Julio, Júpiter, Justa, Karina, Laura, Leonor, Leopoldo, Leticia, Liliana, Lina, Lisístrata, Lorenzo, Lourdes, Lucas, Lucio, Ludovicio, Luis, Maicol, Malena, Manuel, Marcial, Marcos, Margarito, María, Mariano, Mario, Marta, Mateo, Máxima, Melania, Melisa, Mencía, Mercedes, Miguela, Mirko, Mónica, Muriel, Nacha, Natalia, Nazaria, Nemesio, Néstor, Nicéforo, Nicomedes (¡menudo elemento, el Nico!), Noelia, Norma, Nuño, Nuria, Obdulia, Ofelia, Olegario, Olivia, Omar, Onofre, Ordoño, Osel, Osmundo, Pablo, Palmiro, Paloma, Paris, Pascasio, Patricia, Paulina, Paz, Penélope, Pericles, Petra, Pía, Pilar, Polly, Prado, Práxedes, Primitivo, Princesa, Príncipe, Próspero, Pura, Quiteria, Ramiro, Ramón, Ramsés, Raquel, Raúl, Rebeca, Régula, Remigia, Renata, Resurrección, Rex, Ricardo, Rigoberta, Rodrigo, Román, Romina, Romualda, Rómulo, Rosa, Ruth, Sagrario, Samuel, Sandra (nació cojita, la pobre, sin flagelo caudal), Sanjuanita, Sara, Saturnino, Saúl, Sebastiana, Selena, Senén, Serafina, Serapio, Sergio, Severina, Sierra, Silvestre, Silvina, Simón, Sinforoso, Sixto, Sócrates, Sonsoles, Sulpicio, Tadea, Tarsicia, Teobaldo, Terpsícore, Thais, Tiberio, Timoteo, Tomás, Tránsito, Tristán, Uilfredo, Valeriano, Venancio, Víctor, Vladimiro, Xavier, Xóchitl, Xosé, Yago, Yamilet, Zacarías, Zenobia, Zenón y Zoilo.

Todas ellas, menos las típicas diez o doce remolonas que se resisten a dar, literalmente, el salto (quién no ha tenido alguna vez unas ranas de estas, que no salen de casa ni a tiros...), ya se emanciparon.

A pesar del notable esfuerzo bautismal y nominativo que supuso (por no hablar de la dificultad que entraña su sexación), haberles puesto nombre tiene la ventaja de que ahora cuando las veo puedo llamarlas por su nombre de pila y escuchar sus historias de saltos y cabriolas en busca de mosquitos y otras dulzuras que la Pacha Mama le da a los de su grey.

Oh, desvelos, afanes y regalos de la ranicultura. Oh.

En el municipio de Acajutla, el día de san Arbogasto (obispo) por la noche.

Mus

05 julio 2011

Impotencia

¿Qué habrá estado haciendo? —se preguntará más de una. Ya habrá ocasión de inventárselo; por hoy, el asunto es otro.

Calculo que entre frase y frase, entre párrafo y párrafo, elimino a diario a puro palmetazo una media de medio millón de zancudos tropicales hijueputas. Son muchos zancudos por frase y párrafo, sobre todo teniendo en cuenta que escribo muchas frases y muchos párrafos (que sean pura insensatez es indiferente a los efectos insecticidas de los que hablo).

A pesar de tan notable esfuerzo temo no poder aniquilar la estirpe de estos cabrones. Digo yo si no podría nuestro mondesvol, el feculento criador, Su Pastosa Divinidad, haberse inventado un bicho que hiciera —sin tener que casarse, ojo— dulzuras, incluyendo en forma enunciativa, mas no limitativa, amorosas rascaditas de espalda, bizcochos borrachos y/o mamadas artísticas. Por ejemplo.

El caso es que detesto eso de "incluyendo en forma enunciativa, mas no limitativa" y probablemente detestaré cualquier otra frase, oración o exabrupto que contenga la palabra "incluyendo". La impotencia que siento cuando la veo es muy equiparable a la que la nube de mosquitos me genera.

En el municipio de Acajutla, el día de san Agatón de Sicilia (mártir) por la tarde.

Mus

04 julio 2011

Decíamos ayer...

Hoy estaba como todos los días, sentado frente a la máquina que me sirve de algodonal, con todo el ventanal abierto y mirando hacia el jardín en este día gris, cuando un colibrí acertó a zumbar frente a mí, a apenas dos metros. Me quedé quieto para no asustarlo y, cumpliéndome, el pajarillo se metió en mi casa, me pasó a escasos centímetros de la oreja derecha y sin encomendarse a dios ornitológico alguno remedó, muy en fundamento teniendo en cuenta su exigüidad parainséctica, las conductas repetitivas y estériles de las libélulas y otros bichos tales: encontró una ventana y le dio la necedad de salir por ella a pesar de estar cerrada.

El espacio principal de mi casa es amplio y está tan abierto que si esto fuera una nave y la corteza terrestre fuera fluida, yo hace tiempo que estaría haciendo tierra y hundiéndome hacia el nife. Oh, soberbia zambullida metálica fuera, proclamo. El caso es que el animal tenía setecientos sitios por donde salir de su aventurilla doméstica, pero se empeñaba en hacerlo a través de un vidrio más terco que él. Al fin temí que se agotara o se descalabrara y, en prevención de no encontrar a la mano veterinarios especializados (y económicos) en colibríes exangües, le abrí paternal la ventana y voló raudo a posarse y descansar en un cocotero.

Colibrí o no, el mundo está ahí para volar, disfrutarlo y libar con la lengüecilla vivaracha cuantos néctares te brinden las flores que salen a tu encuentro. Ustedes ya me entienden. Es necio empecinarse con el cristal y arriesgado esperar a que alguien te franquee el paso; sale más a cuenta salir por otro lado.

He vuelto. Me demoré un año, pero he vuelto.

En el municipio de Acajutla, el día de santa Isabel de Portugal (reina) por la noche.

Mus

04 julio 2010

Buscando a dios desesperadamente

—Hola, buenos días.
—Buenos días tenga usted, caballero. ¿En qué puedo ayudarle?
—Pues es que estaba estos días en plan metafísico y me di cuenta de que ando sin dios otra vez. Leí en el periódico que ustedes los venden y me vine a ver la mercadería, a ver si me apaña.
—No faltaba más. Aquí en Oh My God tenemos todo tipo de divinidades y nos enorgullecemos de satisfacer las necesidades espirituales de todo el mundo. Contamos entre nuestros clientes incluso con ateos recalcitrantes, ¡así que imagine!
—Sí, ya vi un poco el catálogo. Además, si no estoy satisfecho con el dios que me vendan me devuelven el dinero, ¿no?
—Por supuesto, desde luego que se lo devolvemos. Aquí solo tenemos dioses de primerísima calidad que nos permiten hacer estas ofertas con confianza. Dígame, ¿ya pensó en algún tipo de dios que se le ajuste?
—No sé, ando algo despistado en estas cosas. Tuve uno una vez, pero se acabó desvaneciendo y me quedé algo chafado. Quisiera algo más duradero. Yo sé que todo se gasta, pero a ver si este dios que me lleve aguanta un poco más.
—Parece que un dios intemporal le vendría bien, pero le advierto que resultan pelmas. Son dioses garantizados, resistentes, hechos para durar, pero claro, a mucha gente se les acaban atragantando. Yo más bien le recomendaría algo menos drástico, perdurable pero que dé más juego.
—Ah, pues me parece fantástica la idea. Eso de que las cosas duren para siempre solo sirve para que uno se adocene.
—Ya lo creo, ya. Bueno, ¿qué otras características desea? Ah, ¡por cierto, lo más importante! No me ha dicho aún si desea un dios o prefiere un panteón.
—Pues no sé, ¿qué diferencia habría?
—Hombre, si quiere el dios para algo en concreto, lo mejor es un dios específico, que se puede complementar con algunos dioses afines a lo que uno desea. Tenemos una variedad inmensa, pero necesitaría que me concretara un poco, o al menos que me orientara. En caso de incertidumbre, uno puede optar por un panteón —que los tenemos en varios tamaños para cubrir diversas amplitudes que necesite el cliente— o, en casos ya de gran indecisión o indiferencia, recomendamos el típico dios omnipotente y omnisciente; un dios de amplio espectro, vamos. Por supuesto, estas son deidades muy onerosas y solo se las sugerimos a gente con gran capacidad adquisitiva y necesidades muy concretas y a grandes empresas que pueden asumir el alto costo de comprar una teolicencia para cada empleado. Además, con eso de que son omnipotentes, estos dioses con frecuencia se suben a la parra y su manejo es complejo. El monoteísmo es exigente y caro.
—Uf, pues ya sabe, la crisis...
—Sí, claro, a todos nos afecta; por eso le decía.
—Casi que me voy a decantar por un dios específico, pero me da algo de miedo quedarme corto.
—Mire, tenemos ahora una oferta de 3 por 2 para unos dioses que nos acaban de llegar. Son dioses de gran duración, muy bien fabricados, y vienen desactivados.
—¿Desactivados?
—Sí, vienen de fábrica sin dedicación concreta. Son pluripotenciales y se activan por internet. En el momento de la activación el usuario asigna a su dios el rubro teológico al que quiere dedicarlo. ¿Que quiere usted un dios protector? Pues nada más fácil: mete el código en la página de internet que se indica en las instrucciones y selecciona el rubro "Amparos" en la lista. ¿Que quiere un dios que lo saque de líos? Pues elige el rubro "Mediaciones". Y así.
—Oiga, ¡está fenomenal!
—Sí, solo tenga en cuenta que una vez activado cada dios, ya no hay vuelta atrás y la garantía solo le cubre por el rubro solicitado.
—No importa, es comprensible. ¿Y vienen con figurita? Me gustaría hacerle exvotos.
—No, no trabajamos ese género de dioses. Los nuestros son pura metafísica. Cada cual con lo que crea, claro, pero en nuestra experiencia la mayoría de los comerciantes que venden dioses con figurita son unos farsantes y en realidad solo venden el producto material, y luego la gente protesta y se desespera por no encontrar a su dios cuando lo necesita, solo un pedazo de plástico o madera. Nos llega cada caso que no vea... Pero claro, nosotros no podemos hacer nada. De todos modos, nada le impide presentarle las ofrendas que desee, e incluso podemos mandar a nuestro equipo de aparejadores para que le diseñen en casa un altarcito conveniente.
—Uy, ¡eso estaría fenomenal!
—Sí, sale por un costo adicional, pero merece la pena. Ya que uno tiene sus dioses, pues ¿qué menos que tenerlos bien atendidos, no?
—Desde luego, desde luego. Además tengo un disfraz de sacerdote que me vendrá muy bien para extender mis rogativas. Bueno, pues me llevo la oferta esta, que me ha parecido interesante. Por ahora no sé a qué dedicaré a mis dioses, pero ya se me irá ocurriendo. Uno se siente más respaldado con esto de que vengan desactivados y así poder usarlos como mejor convenga.
—Sí, la oferta está pegando mucho en el mercado, ya lo creo. ¿Va a querer algunas oraciones también?
—Me gustaría, pero no sé... si aún no sé a qué los dedicaré, ¿valdrán las oraciones?
—Tenemos algunos rezos estándares, pero si quiere lo que puede hacer es volver una vez que tenga activados a sus dioses y le muestro el catálogo.
—Sí, magnífica idea. A mí lo de rezar nunca se me dio bien, y ahora con la falta de práctica creo que habrá empeorado mi destreza oradora.
—Bueno, pues no se hable más. Lo espero en unas semanas para las oraciones. Oiga, ¿se los envuelvo? La mayoría de la gente se lleva a sus dioses puestos, pero estos al venir desactivados deslucen un poco, por eso le digo.
—Ah, pues sí, póngamelos en algún papel lindo.
—Deje eso de mi cuenta. Le van a quedar... ¡divinos!

En Apaneca, el día de santa Isabel de Portugal (reina) por la mañana.

Mus

11 junio 2010

Lugares de perdición

Unas semanas atrás, en la ciudad de Buenos Aires, me subí a un taxi y le pedí al caballero que iba al volante que me llevara a Il Gatto, en la calle Corrientes. Pareció no terminar de entender el nombre del sitio, pero lo cierto es que sin saber cómo ni por qué empezó a hablarme de putas.

Me dejó algo perplejo porque no parece muy sensato sacar ciertos temas con un cliente recién conocido, pero al cabo me di cuenta de que el tipo no me había entendido a dónde iba yo realmente y le aclaré que se trataba de un restaurante italiano, y que en ningún momento le había dicho nada de gatos. En la Argentina le dicen gatos a las putas y el hombre se confundió con mi indicación.

Es sabido que los clientes rijosos suelen recurrir a los taxistas para que les indiquen lupanares de interés, y creo que mi chofer pensó que de eso se trataba. Aclarado el malentendido, el hombre me siguió dando una charla sobre clubes y putas porteños.

Con cierta frecuencia me sale hablar de pubs o bares de copas diciéndoles antros, que es la denominación común en México. En España, a la gente le suena fuerte eso de antro, como si hablara uno de un tugurio sucio y desconchado, habitado por ladillas y purgaciones sin fin, pero no: tal como yo lo uso, significa lo mismo que... ¡garito! Es curioso que a los españoles nos salga tan campante eso de garito (que también se usa para hablar de sitios de mala fama) pero antro nos parezca fuerte.

El caso es que quiero contar que antes de ayer visité acá en Costa Rica un garito que me impactó muy positivamente. Lo tenía todo: unas mesas de juego, unos crupieres vestidos de cualquier manera (el primer casino que veo donde el personal no va uniformado), un espectáculo de karaoke (en México vi algunos lugares donde se referían a esta actividad con el delicioso nombre de cantatú), bebidas espirituosas, humo de tabaco y... efectivamente, putas.

La crupier que me atendió en la mesa de black jack era nica, simpática, risueña y algo torpe aún con las cartas, pero me repartió suerte y después de una hora de tirarle de la oreja a Jorge salí de la mesa con una maravillosa ganancia de diez dólares y dos cervezas gratis. El primer objetivo de cualquiera que entre a un casino es no salir impecune de la mesa de juego, y yo lo cumplí a cabalidad.

El segundo objetivo de cualquiera que entre a un casino es que, habiendo mantenido su hacienda con la suerte, las putas de turno no lo desvíen del camino. En mi caso es fácil porque, a pesar de lo que el taxista porteño pudiera creer, no me interesan lo más mínimo las putas como divertimento; así que me limité a apreciar su presencia allá y a constatar que aunque apenas vi negros durante mi paso por esta verde Costa Rica, las cuatro damas que ofertaban sus encantos en este casino eran mulatas. La carne de color mueve libidos, de eso no hay duda.

Pero no solo triunfé en el juego y en huir del amor pago, sino que además me lancé al estrellato y, tras pedirle al gestor del karaoke que buscara Redemption song entre sus archivos canté la susodicha con tal pericia que el casino entero e incluso dos viandantes que acertaron a pasar en esos momentos y se quedaron a escucharme, prorrumpieron en un rendido y espero que sincero aplauso. Olé, Mus.

Me gusta Redemption song y alumbra mi vida cuando dice:
Emancipate yourselves from mental slavery
none but ourselves can free our mind.
Have no fear for atomic energy
'cause none of them can stop the time.
En fin, otro día quizá cuente cómo aprendí a surfear durante esta semana, y quizá incluso publique una foto si consigo manejar el Photoshop para quitarme la pancita que asoma por debajo de la lycra, que eso sí que es una perdición, y no el casino.

En el aeropuerto de Alajuela, el día de san Bernabé (apóstol) por la mañana.

Mus