15 noviembre 2009

Más idiomas, ¡traed más idiomas!



Hace unos meses contaba mi visita al País Vasco con ocasión del ágape chez Mugaritz.

Me alojé en un pueblo guipuzcoano que, como todos los pueblos guipuzcoanos, está muy euskaldunizado; o sea, que el personal de allí habla en general vascuence y la vida familiar y escolar transcurre casi exclusivamente en ese idioma. El resultado de tal inmersión es, por ejemplo, que las dos hijas de una amiga de mi amiga a quien fuimos a visitar no hablan español. Nada de español. No son bebés, eran ya de cierta edad y prácticamente habían pasado ya esa edad de absorción natural de los idiomas, así que todo lo que puedan aprender más (que es dudoso porque seguirán en el mismo entorno) ya será con dificultad. Siempre pensé que estas eran situaciones extremas, pero me topé con la realidad en forma de dos tiernas infantas. Cabe la posibilidad de que sí "supieran" español pero que lo tuvieran escondido en algún lado y que una simple exposición de algunas semanas lo "revivificara". Lo dudo, pero es posible.

El caso es que esos padres hablan dos idiomas pero a sus hijas no les están poniendo fácil tener la misma educación que ellos mismos tienen (porque ellos sí hablan español: del terruño pero español). ¿Por qué querría un padre que su hijo no sepa como mínimo tanto como él? ¡Y gratis!

La constitución española dice en algún lado algo así como que saber español es un derecho de los ciudadanos, pero también un deber. He de confesar que tal exigencia me parece un punto excesiva y se mete donde no debiera, así que los aspectos constitucionales me la traen tan al pairo como me la puede traer la exigencia del celibato a los religiosos católicos (del rito romano, que todo hay que decirlo). Sin embargo, me pongo en la piel de unos padres y me pregunto por qué querrían hurtarle a su prole las oportunidades personales que implica el conocimiento (con carácter de lengua nativa) de varios idiomas. Siempre me dieron envidia los catalanes, los vascos y los gallegos que hablan sus idiomas respectivos, porque eso de nacer y crecer con dos (o más) idiomas que uno puede aprender sin esfuerzo —mientras come, juega o estudia— es un lujo.

Hace pocas semanas, una amiga española que vive en Canadá me explicaba que a ella le resulta complicado que sus hijas se mantengan al día con el español, y me confesaba que si no fuera por el mes que pasan todos los años en España le habría sido prácticamente imposible fijarles el español. Aunque ella les habla en español, el padre de las niñas no lo habla y supongo que la dinámica familiar no será fácil si hay que hablar idiomas que uno de los padres no comprende.

Como contrapunto, conozco a un madrileño que habla alemán como segunda lengua. Como lo habla sin problemas, pues se propuso educar a sus hijos en alemán en el seno familiar y así hace: les habla en alemán. Con ese acto tan sencillo, que consiste tan solo en usar los recursos que uno tiene y aplicarlos cuando más eficaces son, sus hijos llegarán a la adolescencia con una ventaja competitiva inmensa con respecto a otros compañeritos análogos.

Pero claro, esto lo digo yo, que no tengo hijos y que la paternidad me suena a chino. Quién sabe qué haría si fuera mi caso. Lo más probable es que me largara a América y los dejara desamparados o algo así. Mucho idioma y mucha gramática tonta, pero soy un desnaturalizado, siempre de pata de perro.

En Madrid, el día de san Alberto Magno (obispo y doctor de la Iglesia) por la noche.

Mus

09 noviembre 2009

Norma



En un chamizo perdido de la sierra de la Calderina vive Norma, una brillante astrónoma de la universidad de Leipzig cuyas publicaciones, que ya van adquiriendo tonos sepia en los anaqueles de las bibliotecas, solían acumular más impactos que la propia Luna, incluida su cara oculta. Descubrió y demostró matemáticamente el primer principio de la inequivalencia estelar, que establece que las estrellas de neutrones son menos másicas que la suma de las masas de los propios neutrones que las componen. Costó tiempo y esfuerzo explicar la demostración a sus colegas de profesión pero, cuando consiguieron entenderlo, solo acertaron a proferir un prolongado “¡Oh!”.

A Norma ya no le interesan los neutrones ni los enunciados científicos. Nadie sabe bien cuándo llegó a instalarse en la ruinosa vivienda de los pastores ni por qué eligió ese lugar apartado; solo apareció un día con unos pedazos de lana tejida con primor, un pote, dos ollas, dos platos y unos cubiertos de plata labrada y, como nadie le dijo que se marchara y a todos les pareció bien, Norma se quedó allí a vivir, sin más.

Vive de los huevos que le ponen, cuando se sienten femeninas y colaboradoras, un par de gallinas cuyos ovarios ya empiezan a añejarse, pero también de cualquier cosa que encuentra. Lo mismo agarra unos madroños que se deleita con unas zarzamoras o mastica los rizomas de los juncos que bordean las charcas, y hasta las ásperas bellotas de los quejigos le parecen bien en el otoño. Cuando hay suerte, alguien le regala un salchichón y un pan, y así va saliendo adelante. Esa dieta la tiene enjuta, sequita, pero su único espejo es el firmamento y este nunca le falla: en él, ella siempre es una estrella, radiante e intemporal.

Lo suyo es mirar el mundo, pero a diferencia de todos esos santurrones contemplativos que pueblan el martirologio y tantos otros orates cuyas desventuras quedaron hurtadas a la Historia, a Norma no le interesa discernir el orden cósmico y desvelar enigmas, sino zanjar con respuestas sencillas y definitivas las dudas que sus observaciones le generan sobre lo cercano. ¿Odia el macho de perdiz a los perdigones que cortejan a su hembra desde la jaula? Sí. ¿Es cierto que los venados ramonean siempre moviendo la quijada de derecha a izquierda? No. Ese conejo que está masticando los collejones, ¿piensa en algo? No. ¿Hay otros mundos? Sí. ¿Tengo sed? Sí, voy por agua.

A veces, los del pueblo se pasan a llevarle vituallas y a interesarse por ella porque la aprecian mucho por su vida de observación y el empeño que pone en ella.

—Qué tal, Norma, ¿cómo le va?
—Bien.
—¿Qué anda haciendo?
—Estoy subida en este cerro, mirando las cosas.
—¿Y no se cansa?
—Sí, a veces.
—¿Pues qué hace cuando se cansa?
—Me subo a aquella peña y miro las cosas desde allí.
—¿Y por qué?
—Me entretiene y consigo otro punto de vista.

Estas afirmaciones inapelables y emitidas con la seguridad del sabio descolocan por un momento a los visitantes, aunque pronto reaccionan y se sienten orgullosos de tener cerca a Norma, la astrónoma alemana, que vive sin tener que demostrar si es feliz ni disculparse por no serlo, haciendo lo que le da la santa gana día tras día —hasta en domingo— y observando el mundo desde los peñones de cuarcita liquenificada que rodean su vivienda desangelada, en la sierra de la Calderina.

En Madrid, el día de san León Magno (papa y doctor de la Iglesia) de madrugada.

Mus

08 noviembre 2009

La riada

El Salvador es un país muy quebrado, con volcanes y cerros que se despeñan desde las alturas en pendientes tan verticales como inestables. Además es un país chiquito, un poco más pequeño que la Comunidad Valenciana, pero en sus caseríos se agolpan siete millones largos de personas.

Están a punto de abandonar lo que ellos llaman el invierno, es decir, la temporada de lluvias. Cuando llueve, lo hace a lo tropical: a mares; pero las ondas tropicales normales no alcanzan a parecerse a una tormenta tropical o un huracán. Con estos meteoros no es que llueva, es que las nubes baldean el mundo.

Muchos salvadoreños viven en cualquier sitio, en ranchos hechizos, donde pueden. Uno de esos sitios es al borde de las barrancas; cuando llueve mucho, estas se llenan de agua y se desbordan o socavan con furia los márgenes y hunden las viviendas de fortuna.

Espero que los de allá puedan superar este desastre lo mejor y más pronto posible. Cuando el huracán Wilma golpeó la península de Yucatán, yo estaba allí y vi caer el agua y oí cómo ululaba el viento, pero aquellas eran construcciones de verdad. Después de haber estado en El Salvador y haber visto sus viviendas, me puedo hacer buena idea de la catástrofe.

Y no sé qué más decir aparte de que estoy triste por esta situación, así que me voy a callar la boca.

En Madrid, el día de la dedicación de la basílica del Salvador, amaneciendo.

Mus

07 noviembre 2009

El imperio de los sentidos



Este título es el de una peli donde dos amantes japoneses se meten en un cuarto y se aman física y espiritualmente hasta la muerte, pero después del artículo anterior no es plan de fomentar marranadas, menos aún si terminan en una espeluznante pitectomía como en la peli. ¡Esta es una bitácora seria, hombre! Si quieren ponerse verriondos y usar las cosillas de sus ingles para procurarse placer, usen el vínculo si aún les queda o acudan a sus lugares de cancaneo favoritos. ¡Cochinos!

Esta bitácora trata sobre las palabras, aunque no siempre lo parezca, y yo soy un pietísimo varón. En fin, a lo que iba.

En el español americano hay dos usos interesantes en relación con los sentidos de la vista y el oído. Con respecto a la vista, usan verbos para reflejar acciones que en España se expresan sobre todo mediante perífrasis. Por ejemplo, en el harto improbable caso de que s. s. s. q. b. ss. pp. se levantara por la mañana con el pelo enmarañado y saliera a la calle sin peinar y hecho un adefesio (lo cual no permita N.ª S.ª de la Metrosexualidad, de quien tan devoto soy), un paisano me diría "tienes muy mal aspecto" o "tienes un aspecto horrible", mientras que en América lo esperable es que alguien me dijera "luces horrible" o "te ves horrible".

En El Salvador, en lugar (o quizá además) de los verbos ver o lucir, usan un verbo que hasta ahora no había registrado en ningún otro lado: mirar. Es de lo más común que alguien te diga algo como: "esa grama se mira mal"; o sea, "el césped tiene mal aspecto". Esto último es interesante porque, con la sola diferencia del sentido concernido, sucede lo mismo que con el par oír/escuchar, que era lo que deseaba comentar con respecto al sentido del oído.

Los hablantes cultos de España diferencian entre el hecho de oír (una simple experiencia sensorial, como ver) y el de escuchar (es decir, aplicar la oreja, poner atención a lo que suena, como mirar es poner atención a lo que se ve). Esta distinción oír/escuchar es poco productiva, o inexistente, en muchos lugares de América, incluso entre hablantes cultos, a pesar de lo cual algunos papas del lenguaje siguen dando el coñazo con la supuesta incorrección. No quieren ni mirar, ni ver, ni oír ni escuchar, solo pontificar, prevalecer y tildar a los demás de ignorantes. Curiosamente, no critican la imprecisión que supone decir "estoy viendo la televisión" o "estoy oyendo la radio", donde con tales argumentos debiéramos decir "estoy mirando la televisión" o "estoy escuchando la radio" porque si no el interlocutor no sabría qué estamos haciendo realmente.

A veces en lugar de papas parecen papanatas, palurdos del bien hablar. Del bien hablar de su casa, claro está, porque el de las casas ajenas siempre les parece escaso. Esto es normal hasta cierto punto, y tanto más cuanto que hoy hablo de los sentidos: a todos nos parece siempre que nuestras descargas cotidianas son menos ofensivas al olfato que las que expelen los esfínteres ajenos cuando les llega el turno.

Pero bueno, volvamos a lo que íbamos. O no, ahora que me doy cuenta, no volvemos, porque en realidad esto era todo lo que tenía que decir yo hoy sobre el imperio de los sentidos. Aquí lo dejo.

En Madrid, el día de san Willibrordo (obispo) por la noche.

Mus

P. D. Manda huevos que después de soltar varios palabros como los que solté aquí, resulte que el santo del día es un tal Willibrordo...

02 noviembre 2009

Otra declaración de amor



Está sentada en un sofá doble, desnuda, con la felpa acariciando toda su piel y los vellos exiguos que tapizan los alrededores de su coño. Se recrea con el bamboleo rítmico de los pechos de una mujer a quien un hombre penetra desde atrás con ritmo lento, dejando ver el tallo de la verga enhiesta, portentosa, que entra y sale sin descanso en medio de la penumbra, allí, a apenas dos metros de sus ojos. Siente un cosquilleo conocido en el sexo y tiene puesta en los amantes la mirada fija de quien desea aprehender la relación, no solo verla. Por la espalda le corren mil descargas al observar las muecas de placer de la otra mujer, y siente esa proximidad a ella que solo pueden compartir quienes conocen lo que significa ser montadas con arte.

A punto de comenzar a sentir envidia, nota en la espalda un tacto extraño, una mano que apenas le roza el hombro pero un segundo después se repone y continúa recreándose con la cópula ajena. Las yemas de esos dedos se deslizan por debajo de su nuca y le regalan un rascado suave, deleitoso, de los que nunca debieran terminar. Los dedos de otra mano se suman a la tarea de manoseo y recorren con confianza sus hombros, las clavículas, el cuello. Ella advierte el ritmo ya frenético de la pareja de enfrente, con sus gemidos y sus palabras de amor, y se deshace con las sensaciones que recibe durante el espectáculo. No recuerda nada, no vive del pasado y no piensa en el futuro; solo sigue con la mente los masajes tiernos del desconocido que la ama a su espalda y los embates de quienes chocan entre pasiones frente a ella. Los pezones quieren estallarle y su sexo es un charco de ilusiones eróticas, pero sus manos continúan a los lados de sus muslos, con la palma hacia arriba, ofreciéndose. Los dedos no la abandonan por detrás y recorren la nuca, sin pausa pero sin prisa. A veces, una boca se acerca a su cuello y lo besa con mimo; otras es un rostro jadeante y desconocido el que se restriega contra su cabello o una dentellada suave la que araña su oreja.

Pasan los minutos y en la habitación se instala el frenesí. Su sexo desatendido palpita entre los gemidos y sus senos rebotan en el aire con cada espasmo. Los dedos que la atienden a su espalda se han convertido en una tribu de salvajes suaves que enredan su pelo al masajearlo con fuerza hasta la raíz. Quiere que la muerdan, que la soben, que le jalen del cabello, pero que no acabe nunca lo que siente en todo el cuerpo. Los de enfrente se desbocan y el hombre deja que su chica se corra una y otra vez entre gritos, sin cesar, hasta que él mismo se rinde y explota en un bufido.

Ella siente llegar su éxtasis agenital y, cuando una mano pequeña, suave y cálida estrecha su pecho izquierdo, las sensaciones galopan y empieza a sentir que los espasmos de la vida se desatan entre sus piernas; primero muy lentos y después rápidos y convulsos, en oleadas, al notar el tacto de otra mano que estrecha con firmeza su mano derecha y una voz que se arrima al oído y le susurra: “Te amo. Me encanta verte disfrutar.”

Las manos que le acariciaban el cuello y el cabello van atenuando su presión, regresan a los mimos y finalmente desaparecen mientras ella exhala los últimos gemidos y los últimos estertores. Su vientre es un lago cálido. El calor que inundaba su pecho también se desvanece con la retirada de la mano, y ella reabre los ojos. La otra pareja sigue allí, conectada, gozándose aún. La chica tiene agarrados los huevos de su amante para no dejarlo escapar y él se sigue vaciando gota a gota, con el cuerpo vencido sobre su espalda.

Ella se vuelve a su marido, que aún agarra su mano derecha, y con lágrimas en los ojos se abraza a él con fuerza y solo alcanza a susurrarle entre sollozos: “Fue maravilloso. Gracias por traerme y por quererme tanto.”

En Madrid, el día de san Martín de Porres (religioso), de madrugada.

Mus

31 octubre 2009

Investigar


Este es un pueblo muy grande, muy grande, con casas muy grandes, muy grandes. Más grandes que las de mi pueblo, ¡que ya es decir!

Hablan un idioma muy rarísimo y no les pillo nada. Casi diría que parecen de Tomelloso pero con una manzana en la boca o algo. No me entero de lo que me dice nadie y eso que no creo que mi español sea malo. Para mí que hablan otro idioma, ¿eh? Esto hay que investigarlo.

El hotel es muy grande, muy grande, y en medio tiene tremendo hueco salpicado por una torre con ascensores (también son descensores) de los que parece que en cualquier momento va a salir un replicante. El hotel está en una plaza que no tiene realmente forma de plaza y a la cual le dicen plaza de las Veces, aunque no sé bien por qué ese nombre. Esto no creo que merezca la pena investigarse. Vaya usted a saber, hay gente pa' to'.

En la plaza de las Veces hay mucha gente que saca fotos. Parece increíble, pero todos sacan fotos enfocando a algo que está arriba, como si quisieran ser quince palmos más altos; nadie saca fotos enfocadas a algo que esté enfrente. Yo por más que miro no consigo ver qué demoños retratan. Esto hay que investigarlo.

Hay unos señores (también señoras) que ordenan el tráfico humano. Tienen unos silbatos con los que conminan a los viandantes a estarse quietos en las aceras hasta que ellos dan el nihil obstat para el avance. Creo que es por una cuestión puramente estética, a saber: para que no haya muchos turistas despachurrados en las calzadas de la plaza de las Veces. Parece sensato, pero tampoco veo a qué haya de investigarse.

Esto es muy grande. La ciudad no es para mí. Yo me quiero ir a mi casa. Y yacer, que tanta casa grande me está poniendo rijoso. ¿Que por qué? ¡Averígüelo, Vargas!

En la ciudad de Nueva York, el día de san Alonso Rodríguez (confesor) por la mañana.

Mus

28 octubre 2009

Lea lo anterior



This blog is not necessarily what it looks like. Its author compulsively jerks off every thiry minutes while indulging in fantasies that may not be commonplace —and usually are not. He is himself a rare, pretty unique and, for his own choice, severely endangered species. Chsss... ¡cuida'o! If you do not quite believe that, read on.

Una de las características del español de América —también del español canario— es su preferencia por el pasado indefinido (amé) en favor del pretérito perfecto (he amado). Léase mi artículo anterior, redactado en plena transición hacia España, y compárese con este refrito análogo en el cual solo cambio esa conjugación:
El viaje fue vulgar y rutinario. Lo único que le agregó su pizquita de sal es que en Houston me conecté y me encontré con el email de un creyente que me pedía un trabajo urgente, así que me dió un pequeño sobresalto.

Como nota interesante, por primera vez vi rótulos bilingües inglés/español en los que en la versión castellana no se reproducían las mayúsculas iniciales típicas del inglés gringo. ¡Bien! Me disgustan sobremanera esas mayúsculas, pero no por prurito lingüístico ni porque sienta la presión cultural del gringo: es que de verdad que me siento como si leyera en una montaña rusa, venga para arriba y venga para abajo. Creo que leo muy raro, yo.

Lo mejor estuvo al llegar al aeropuerto. Salí del avión, paseé un trecho bien largo, recogí mi maleta y al cabo de un rato me di cuenta de que tenía tremendo roto en los pantalones y que fui enseñando el culo a todo el que quiso mirármelo. ¡Olé!

Esto me pasa por ser tan codo y tan apegado a mis ropas, pero el aspecto verdaderamente triste del suceso es que ninguna dama se acercó a mí a requebrarme y llevarme al huerto. Tampoco ningún hombre, eso es cierto. Cabe colegir que no gusto a nadie y que mi culo provoca harta indiferencia. Vamos a peor, y encima tendré que ir a algún comercio a mercarme otros pantalones. Grrrr. Menos mal que por lo menos ya me sé mi talla.

En Clinton, el día de san Vicente, santa Sabina y santa Cristeta, por la noche.

Mus
Y luego hágase lo que a cada cual le dé la real gana hacer; por ejemplo, mandar el escribano enfadoso a tomar por donde más pecado haya. I am in the land of freedom, you know? My arse hole may not, but I can handle that.

Throughout the American continent it is common to get across signs like "Ya abrimos", and it would look odd to see signs reading "Ya hemos abierto".

Spaniards (Canary Islands folks would be exempted here): This is the common Spanish. Don't let us give up our Spanish but let us forsake our trend for purity. Let us take our mind out for a walk around the world and let us realise we are just a tiny drop in the ocean of the Spanish-speaking folks. There's a lot of Spanish language beyond our borders, and it is prime Spanish even if it sounds funny at times.

Y esto nada más sobre una conjugación. No hablemos del ustedes frente al vosotros porque a esas alturas de la noche y tras cuatro botellas de tinto, unas manitas de cerdo con garbanzos, dos docenas de ostras indescriptibles, un plato de callo de hacha con caviar de salmón, un risotto de camarones y tres tragos de tequila en la compañía de un tico agringado, un zimbabués de Nueva Jersey (what the fuck?), un italogringo que llegó de visita con el vaso (generoso) de tintorro ya puesto (¡¡y llegó caminando!!), una gringa latinófila y un servidor que besa sus pies y su clítoris si usted lo tiene y se deja pero que ni sabe ya de dónde es ni le importa gran cosa mientras tenga senos a que acogerse... lo que decía: a estas alturas, ¿para qué?

May God bless alcohol. Et cum spiritu tuo mais pas beaucoup. Amén. No sé si me explico.

En Clinton, el día de san Simón y san Judas (apóstoles) por la noche.

Mus

27 octubre 2009

Entrada triunfal (o no tanto)


El viaje ha sido vulgar y rutinario. Lo único que le ha agregado su pizquita de sal es que en Houston me he conectado y me he encontrado con el email de un creyente que me pide un trabajo urgente, así que me ha dado un pequeño sobresalto.

Como nota interesante, por primera vez he visto rótulos bilingües inglés/español en los que en la versión castellana no se reproducían las mayúsculas iniciales típicas del inglés gringo. ¡Bien! Me disgustan sobremanera esas mayúsculas, pero no por prurito lingüístico ni porque sienta la presión cultural del gringo: es que de verdad que me siento como si leyera en una montaña rusa, venga para arriba y venga para abajo. Creo que leo muy raro, yo.

Lo mejor ha estado al llegar al aeropuerto. He salido del avión, he paseado un trecho bien largo, he recogido mi maleta y al cabo de un rato me he dado cuenta de que tenía temendo roto en los pantalones y que he ido enseñando el culo a todo el que ha querido mirármelo. ¡Olé!

Esto me pasa por ser tan codo y tan apegado a mis ropas, pero el aspecto verdaderamente triste del suceso es que ninguna dama se ha acercado a mí a requebrarme y llevarme al huerto. Tampoco ningún hombre, eso es cierto. Cabe colegir que no gusto a nadie y que mi culo provoca harta indiferencia. Vamos a peor, y encima tendré que ir a algún comercio a mercarme otros pantalones. Grrrr. Menos mal que por lo menos ya me sé mi talla.

En Clinton, el día de san Vicente, santa Sabina y santa Cristeta, por la noche.

Mus

26 octubre 2009

Poesía para el pobre



A (y de) Javier Krahe, con admiración.

En un pueblo de allá por la costa suiza, un viejo pescador borrachín, tranquilo, sin dar la paliza a nadie de su alrededor, pretendía vivir a su manera, que era salir a pescar; y pescar boquerón, calamar o alguna ballenita —que también las da el mar— y después regresar con la frente marchita como dice el cantar que se suele volver. Y vender el pescado en la lonja: boquerón, calamar o una esponja —que también las da el mar— y cobrar lo que hubiera ganado al vender el pescado.

Y marcharse a gastar lo que hubiera cobrado en comer y en comprar cuanto es menester poseer; e invitar a beber y beber hasta el anochecer y arrojar lo que hubiera sobrado del dinero cobrado. Arrojárselo al mar: devolver... devolverle el dinero y cada amanecer empezar desde cero.

Pero muchos vecinos denunciáronle al pobre por contaminar, que sus pocas monedas, sus "vertidos de cobre", ponían perdidito el mar, y no pudo vivir a su manera, que era salir a pescar; y pescar boquerón, calamar o alguna ballenita —que también las da el mar— y después regresar con la frente marchita como dice el cantar que se debe volver. Y vender el pescado en la lonja: boquerón, calamar o una esponja —que también las da el mar— y cobrar lo que hubiera ganado al vender el pescado.

Y marcharse a gastar lo que hubiera cobrado en comer y en comprar cuanto es menester poseer; e invitar a beber y beber hasta el anochecer y arrojar lo que hubiera sobrado del dinero cobrado. Arrojárselo al mar: devolver... devolverle el dinero y cada amanecer empezar desde cero.

En el municipio de Acajutla, la víspera de mi partida.

Mus

22 octubre 2009

El asalto


Hoy se me ocurrió que la vida es un combate de esgrima.

En esta apasionante disciplina deportiva, que consiste en usar fintas ofensivas y paradas defensivas sin cuento para pinchar al contrario o atizarle con el filo (según el arma, ya que hay tres: florete, espada y sable) antes de que él te pinche o atice a ti, el español cuenta con el verbo tirar para referirse al acto de combatir.

El tirador debe avanzar por la pista en la posición de guardia, ofreciendo al espadachín que tiene enfrente la menor superficie posible, y por eso el avance se hace en ese escorzo chistoso, con la mano posterior alzada que parece una mezcla de ademán gay y movimiento de la grulla de Ralph Macchio en Karate Kid. Al movimiento de avance se le dice marchar, que es lo opuesto al de retroceso, denominado romper. Finalmente, al movimiento de estocada se lo llama fondo.

Recuerdo las clases de esgrima en la Sala de Armas del Palacio de los Deportes de Madrid, con aquella rutinaria serie de ejercicios bajo la dirección del maestro, sin siquiera un arma en la mano: marchar, marchar, marchar dos veces, romper, romper, marchar, estirar el brazo, a fondo, marchar, marchar, romper, romper, romper, marchar, estirar el brazo, a fondo... Series sin fin, inerme junto con mis compañeros de práctica y ante un adversario invisible.

Hoy ya sé cuál es el adversario y a qué venía toda aquella disciplina, aquel mantener la guardia aun a costa de parecer un Macchio gay. Aún queda decidir si mi vida es tirar o lo que hago es tirar mi vida. Es complicado y hasta las polisemias del verbito tirar resultan un poco comprometidas, pero, en esta vida pugnaz que me traigo, ahora toca romper, romper, romper, desandar el camino y regresar a la vieja y fría Europa sin dejar de marchar, marchar, marchar... y, de vez en cuando, estirarme y a fondo.

En el municipio de Acajutla, el día de san Hilarión (anacoreta) por la noche.

Mus

20 octubre 2009

La hostia

Andaba yo solazándome por esas redes del Mondesvol cuando hallé un ejemplo de lo que, por los motivos que se indican más adelante, denominaré 'anacoluto contextual'.

Leo en un titular lo siguiente: "Netanyahu: Ha llegado el momento de hablar de paz."

En fin...

Busqué en gúguel y, al parecer, nadie nunca dijo esto del 'anacoluto contextual'. No sé si tenga sentido, pero en lo que se dirime tal asunto me apunto el tanto de su invención y declaro que su alumbramiento se debió al deseo de ser universal (a riesgo de ser pedante) y no recurrir a lo que dicen en mi pueblo, que en el fondo es lo que me pide el cuerpo cuando leo cosas así. Y es que, a este tipo de afirmaciones obscenas*, en mi pueblo se responde de dos modos, asegún:

a) "No te estaráh..." (la a tónica es cerrada, a la manchega). La expresión es en realidad un eufemismo: se omite el gerundio "cachondeando" al final de la frase porque a ese verbo se lo tiene allí por malsonante, como en muchos lugares de América, por su denotación sexual. Como es lógico, no es que en mi pueblo nos asusten las palabras malsonantes, sino que puestos a ser soeces preferimos el ataque total que supone la opción b).

b) "¡Tú lo que quieres es chupá'mela". Nótese que nos dejamos sin pronunciar la r debido a la adición de los enclíticos.

Así somos en mi pueblo, qué le vamos a hacer.

Había pensado poner unos ejemplos explicativos de lo que es un anacoluto, pero ya no lo haré porque cuando los buscaba hallé algo mucho mejor, una joya: esta bitácora. Confieso que no la he leído mucho aún, pero la declaración de principios de su autor me subyugó tanto que estaría dispuesto a pedirle una cita romántica si fuera una chica y anduviera más a coño (nada de mano, que estoy cansado de pajas).

En su presentación, dice:
Muchos se quejan de que los "errores lingüísticos" cometidos en la prensa están arruinando el idioma. Aunque no comparto esa alarma, algunas de esas innovaciones son muy divertidas. Así que me he propuesto coleccionarlas y comentarlas. Sin embargo, este no es un blog para burlarse de nadie, ni para lamentarse de nada, ni para recomendarle a nadie cómo hablar o cómo escribir. Es un lugar para celebrar la riqueza y la variedad del español (se llama "la peña lingüística" no "la pena").
Ay, mi desconocido bitacorista, tu párrafo es la hostia. ¡Cuánto bien hiciste a la cultura lingüística al escribir eso y cuánto te lo agradezco!

En el municipio de Acajutla, el día de san Honorio (abad) por la tarde.

Mus

*Por si alguien se lo pregunta, se me hace que serían igual de obscenas si llegara Hamás diciendo alguna majadería así.

17 octubre 2009

Rezo común



Ayer, mientras en mi expediente personal se recogía un capítulo (negativo) más de la tramitología migratoria y en mi ánimo se instalaba el regusto infame de la decepción, me llamó la atención un cartel que rezaba, y me perdonarán por el juego de palabras, "Oración a la bandera salvadoreña".

No la leí porque la verdad es que no me interesan mucho los rezos, aunque sean a una bandera y no a una divinidad. Si le interesa a alguien, puede leerla aquí.

Lo que me interesó más bien fue el uso de la palabra oración para referirse a esto, que, una vez que le eché un ojo, más bien me parece un elogio, una loa o panegírico. Se menciona a Dios y a la religión, pero el escrito no va dirigido a ellos ni a ensalzarlos. Nunca había visto antes una oración a un símbolo común, aunque no es menos cierto que es el símbolo de una nación con denominación divina. ¿Serviría esto como argumento filológico para sostener que oración es un palabro usado con justicia aquí?

Voy a meditarlo, que las metafísicas requieren mucha piscina y siesta.

En San Salvador, el día de san Lucas (evangelista) por la mañana.

Mus

08 octubre 2009

Herrare humanum est


Hace unos meses traía a esta bitácora un reportaje gráfico sobre una tilde ausente que daba pie a un mensaje que, interpretado según las normas, resultaba poco fino y me dibujaba una sonrisa malévola.

Hoy me cumple decir que ya lo corrigieron. Esas cosillas pasan, hombre, y tampoco tienen mayor importancia. Documéntese la subsanación, hágase la luz.


Andar de corrector puede resultar buena idea o no, depende; pero andar de correctorucho de tontás, imaginarias o reales, y encima formular las objeciones sin el cuidado y la exquisitez que se exige a los demás, se me antoja la forma más absurda y censurable de ejercer la pedantería. No sé bien por qué, pero me recuerda a un chiste de pueblo que contaba mi tía E.

—Toc, toc, toc. ¡Abrid, que semos estudiantes!
—¿Estudiantes y "semos"? ¡Pos no abro!

Ni modo.

Ortografías aparte, una aerolínea que se llama Copa no puede ser mala, salvo en exceso, claro. Mi única queja remanente es que, esnif, no me dieron millas gratis por levantar aquella liebre diacrítica, pero es también cierto que quizá no fuera yo el primero en levantarla y ya lo supieran en la redacción cuando les llegó mi mensaje de alerta. El caso es que yo no dejo de hacer esnif, aunque quizá sea por esta pinche gripa que me agarré.

El martes, mientras regresaba, disfruté lo mío con la vista de la inmensidad verde de la Amazonia y con los arcoíris que se formaban bajo las nubes de desarrollo vertical que mi aeroplano dejaba atrás. Los arcoíris alegran el cacumen como pocas cosas de la naturaleza. Menos mal.

En San Salvador, el día de santa Pelagia (insigne pecadora primero y penitente después) por la mañana.

Mus

01 octubre 2009

Música local



Siempre habrá quien diga que las músicas de un país definen a ese país. También habrá quien sostenga lo contrario y será imposible ponerse de acuerdo, como es de rigor en cualquier dialéctica decente, aunque en esto acaso se arme tremendo quilombo durante la discusión. Con suerte, nadie saldrá herido.

Hace unos meses mantuve una charla informal con una colega argentina en la que arreglábamos el mundo latinoamericano; es decir, le dábamos un repaso. Cuando llegó el turno de hablar de su país, me espetó con desesperanza:

—¿Acá? Olvidate, che, nosotros somos un tango.

Hoy llego a la Argentina y entro al Banco de la Nación que hay en la terminal. Lo hago con intención de sacar dinero del cajero pero, sin apenas darme chance, un argentino que va saliendo me desengaña con su acento porteño y su tono inexpresable pero inconfundible.

—No hay plata.

¿Qué se le puede decir a un argentino que sale de un cajero automático lamentando la falta de monetario?

La Argentina es un tango que me golpea apenas atravieso Migración en Ezeiza. Si alguien lo duda, que intente escuchar con las tripas, no con las orejas, este Mano a mano de Gardel. E si non è vero, è ben trovato.

En la ciudad de Buenos Aires, el día de los Santos Ángeles Custodios, apenas inaugurado el día.

Mus

P. D. El gentilicio para los de la ciudad de Buenos Aires es porteño; el correspondiente a los de la provincia de Buenos Aires es bonaerense.

23 septiembre 2009

Helmintópolis




Este es mi vehículo habitual en El Salvador.

Hoy le instalé el vacio que se observa en su parte trasera porque a las 4 de la tarde he quedado con un lugareño para que me dé unos kilos de caca de vaca: boñigas, plastas, truños, pupú, popó, mierda, zurullos.

No soy escarabajo pelotero; mi interés por el estiércol tiene su explicación. Hace unos meses vi que de mi jardín salían cantidades importantes de residuos consistentes en hojas, ramas, pasto, pencas de palmera y desechos similares. Determiné que sería entretenido convertirlos en algo útil y decidí aplicar las técnicas vermícolas de Caracol (a quien el Mondesvol tenga en su feculenta gloria) para conseguirlo. En resumidas cuentas, y dejando los cultismos aparte, me propuse criar lombrices en un apartadillo del jardín y alimentarlas con todos esos rastrojos.

Comencé a juntar los desperdicios y pronto me hice con un lindo rimero, pero me faltaba el ganado dispuesto a zampárselo. Conseguirlo no resultó tan sencillo. Renguito por un mal tropiezo mientras caminaba en chancletas con mi despiste característico, tuve que plantarme en una institución agropecuaria salvadoreña para hacerme con unas pocas lombrices californianas (E. foetida, que no son californianas). Por desgracia, mi montón de residuos es ya demasiado grande para lo escueto de mi cabaña gusanil. Aunque las lombrices son prolíficas, las apenas trescientas o cuatrocientas que me dieron tardarán algún tiempo en multiplicarse a niveles apreciables, tanto más cuanto que lo que yo les echo de comer acaso no sea su alimento óptimo.

En consecuencia, tras asesorarme debidamente he decidido fomentar su reproducción ofreciendo dos mil euros por cocón a cada pareja de lombrices que deseen dar el gran paso y aumentar la familia (cada lombriz pone un cocón con varios huevos en su interior). Como mi menguado peculio no me alcanza para tal subvención y de todos modos estos vermes no tienen nada que hacer gastándose pisto en un hotel balinés de lujo, he pergeñado un ingenioso sistema compensatorio. Consiste en que, como soy quien manda aquí, he asignado un valor de dos mil euros a cada cinco gramos de deyección vacuna, que entregaré a los progenitores confiando en que me cumplan y procreen. La que se pase de lista y se coma la mierda de subvención y luego no me procree, acabará colgando de algún anzuelo.

Como no tengo vaca a mano (ni siquiera unas ubrecillas de miel que llevarme al hocico), he buscado la cooperación de un vaquicultor de los alrededores. Evocando los aromas de hace unos meses, contemplé la posibilidad sencilla de salir a la carretera e ir recogiendo boñigas, pero esta otra solución es más práctica y además me permitirá obtener deyecciones de varios días de antiguedad, de más solera, que tengo entendido que tienen más aceptación entre las habitantes de mi explotación, consistente en un barril metálico usado y cortado longitudinalmente en dos mitades.

A la sazón tuve que discurrir un nombre para mi lombrirrancho. Después de sopesar varias opciones en español (Ciudad Lombriz), inglés (Worm City), latín (Civitas Vermium) y alemán (Regenwurmstadt) opté por, ya saben, lo clásico: el griego. Así que quedó bautizado como Helmintópolis.

Y en esta pesquisa escatológica es donde entra en escena mi vehículo, adaptado para la ocasión. Hoy, a las 4 de la tarde, saldré ilusionado en mi bici a la búsqueda de la caca que convierta Helmintópolis en un agradable cantón de lombrices dicharacheras, sonrientes, rumberas y, con suerte, amantes de la deglución de los residuos de mi jardín.

Ahora que todo encaja, me voy a tumbar un rato al sol. Compermiso.

En el municipio de Acajutla, el día de mi por desgracia patrona (santa Tecla), por la tarde.

Mus